Al menos desde que tengo uso de razón, siempre he estado convencida que la función de los padres para con sus hijos era educarlos y criarlos lo mejor posible, para que el día de mañana «tuvieran una vida mejor que la nuestra».

Si me remoto a mis abuelos (no puedo ir mas atrás en el tiempo porque no conoció bisabuelos) lucharon para trasmitir a sus hijos lo mejor de si mismos, dejándolos como herencia unos principios, un sentido del deber, de la responsabilidad, del respeto y unos estudios, para que el día de mañana pudieran vivir mejor que ellos.

Del mismo modo, en mi casa se transmitieron esos mismos valores y con el esfuerzo de un padre trabajando en dos sitios y una madre ocupándose de la casa y de criarnos, consiguieron sacar adelante a una familia numerosa, dándonos ademas los mejores estudios que estuvimos dispuestos a realizar cada uno.

Siendo ya ellos mayores, recuerdo perfectamente su satisfacción de ver a seis hijos adultos, formando sus propias familias y habiendo conseguido la meta que ellos perseguían: que vivieramos mejor que ellos y que valoraramos el esfuerzo a realizar para conseguir cada cosa.

Pero… ¿que esta pasado con las nuevas generaciones? Una gran mayoría de los  padres de los 90 y seguramente los anteriores y los posteriores, nos hemos volcado en dar a nuestros hijos de todo sin pedir a cambio ningún tipo de esfuerzo. Quizas esas cosas que nosotros algún día habíamos añorado en la infancia a ellos les ha llegado caído del cielo, en muchas ocasiones sin ni siquiera haberlo pedido.

¿Que niño no ha tenido actividades extra escolares para que aprendieran baile, judo, guitarra, idiomas… o cualquier cosa que los colegios nos ofrecieran fuera por supuesto de la tarifa oficial?

¿Cuantas motos Feber se habrán vendido para niños de poco mas de 3 años?

¿Cuantos chavales de hoy en día no han tenido una bicicleta en su casa?

¿Cual es la media de consolas por niño en estas generaciones?

¿Que adolescente de mas de 12 años no tiene un móvil? (quizas incluso algunos mas pequeños)

¿Cuantos veranos se han quedado sin vacaciones?

¿Cuantas cosas les hemos negado?

Podría seguir haciendo una pregunta tras otra y seguramente, muchos estaríamos de acuerdo en que a estas generaciones no les ha faltado casi de nada.

Pero lo preocupante es que por primera vez, al menos es la sensación que algunos tenemos cuando comentamos este tema, es que estos niños no están preparados para afrontar el futuro tal y como viene.

No es problema de pesimismo ni mucho menos, es simplemente una reflexión.

Que el mundo esta cambiando lo sabemos todos y lo estamos asumiendo día a día, pero lo complicado no somos nosotros, creo que somos capaces de adaptarnos a casi cualquier cosa.  La diferencia vendrá dada por la calidad de vida de nuestros hijos. Les hemos puesto un listón demasiado alto para poder alcanzarlo.

Quizas también les hemos enseñado, sin quererlo, que la vida no tiene complicaciones,

Que el dinero sale de una pared en la que metemos una ficha

Que ir a la playa en verano es lo normal y no puede ser de otra manera.

Que tener una casa propia es un derecho de todos los ciudadanos

Enfin, por primera vez al menos en nuestra historia contemporánea, todo apunta a que la mayoría de  nuestros hijos vivirán peor que nosotros y por mucho que les demos estudios, idiomas, masters… nuestra meta se quedara en el camino, pero su aprendizaje aunque duro, esperemos les sirva para volver a intentar luchar para  que sus descendientes vivan mejor que ellos y no vuelvan a dar un paso atrás.